Opinión | Principios de mercadillo
Todo cambia según el postor que venga a nosotros. Podemos creer en algo fielmente que daría igual si alguien nos convence de manera suculenta de lo contrario. Vendemos lo que haga falta por tal de llegar lo más alto en el escalafón de la vida. Quizás, por eso algunos seamos unos románticos y creamos que, en ciertos aspectos de nuestro paso por aquí, hay cosas que no se tocan. Vendemos todo lo que nos pidan por tal de crecer, y lo peor de todo, es que nos da absolutamente igual. Como diría Maquiavelo, el fin justifica los medios, y de qué manera.
Hoy podemos pensar que las naranjas son algo bueno para la salud, pero
si dentro de tres meses ese pensamiento no nos conviene en un aspecto de
nuestra forma de vivir, pasamos a repudiarlas sin remordimiento alguno.
Cambiamos de gustos según las modas aunque las modas no te gusten. La
personalidad se acabará convirtiendo en un animal mitológico mientras
pasamos a ser rebaños de rebaños de modas cada vez más absurdas. Somos
así de simples.
El mercadillo de los principios está de oferta según épocas del año, ya
que en ciertos momentos nos decantamos más por alguna opción que nos
convenga en el futuro que en otras no. Es nuestra naturaleza, queremos
ascender, queremos poder, queremos ser mejores. El problema llega cuando
lo ansiamos por encima de todos y de todo. No nos preocupamos por cómo
nuestras acciones puedan afectar a los demás, a los otros y a los que
intentamos pisar por tal de subir a lo alto de la montaña.
Al final del día puede que tengas unos segundos de recuerdo para todos
aquellos que has dejado en el amino, que has olvidado por tal de cumplir
tus objetivos, y si no es así, eres afortunado porque no has sido
bendecido con los remordimientos. Después de todo, hay una gran frase
que resume esta opinión. Seguramente ya sabéis de la que os hablo, si no
es así, os refresco la memoria.

